¿HA ROTO TRUMP EL ORDEN INTERNACIONAL AL INVADIR VENEZUELA?
Sales de tus "cuarteles de invierno", echas un vistazo al mundo y te quedas totalmente impresionado de que estén ocurriendo algunos acontecimientos que sorprenden vivamente. Creíamos que los tiempos de impunidad de los EEUU, o, al menos, la ocultación de sus maniobras geoestratégicas podrían desaparecer para bien de la legalidad internacional ante las malísimas experiencias del imperialismo estadounidense.
Allí donde EEUU ha clavado sus zarpas ha salido trasquilado, dejando una cadena de tragedias en sus retiradas, materializadas en víctimas, destrucción de instituciones, cataclismos económicos y divisiones internas en los países intervenidos. Tenemos numerosos ejemplos de ello: intervenciones en Cuba (1898), República Dominicana (1916 y 1965), Corea (1950-1953), Vietnam (1960-1970), Nicaragua, Haití, Panamá (1989), Afganistán (2001-2021), Libia (2011), Iraq (20023), Somalia, Bosnia y una larga lista de maniobras políticas como en Pakistán y Yemen.
En la mayoría de estas invasiones e intervenciones, con la justificación de defender la democracia y combatir el terrorismo, se perseguían intereses ideológicos, económicos y geoestratégicos para establecer sus influencias en determinados países y zonas del mundo.
En el comienzo de su estrategia contra Venezuela, Trump, secundado por su Gobierno, envió la Marina a bombardear y hundir lanchas y barcos venezolanos, en aguas internacionales, frente a las costas venezolanas, matando a sus tripulantes por la acusación no probada de transportar droga a los EEUU. Incautó, además, millones de galones de petróleo venezolano.
A continuación de estos ataques para justificar su plan de acoso, se produjo el asalto a Venezuela, una jugada maestra, maquinada hace meses por Trump con el asesoramiento de la C.I.A. Trump y su Gobierno se han saltado olímpicamente todas las normas de buena vecindad y las leyes protectoras de la soberanía de los Estados. En la operación fueron asesinadas cien personas, que protegían al presidente Maduro, al que secuestraron junto con su esposa, trasladándolos a EEUU para ser juzgados por la falsa acusación de estar el matrimonio involucrado en operaciones de tráfico de drogas; aunque , la ONU y la Unión Europea han confirmado que Venezuela "esta lejos de ser un narcopaís".
Sin embargo, los detractores de la actuación de Trump en este asunto, le acusan, con razón, de mirar a otro lado en el caso de Ecuador, país por el que pasa el de setenta por ciento del tráfico de drogas, al utilizar los traficantes su infraestructura portuaria; pero el mandatario estadounidense no quiere incomodar a Daniel Noboa, rival de Correa, administrador y empresario, político ecuatoriano-estadounidense y presidente del Ecuador.
Lo que le interesa a Trump es el petróleo venezolano; no es ningún secreto, él mismo la dicho. Se sabe que Venezuela es la primera reserva petrolera mundial por delante de Arabia Saudita e Irán., por tanto, es una fruta muy apetecible. Claramente le ha dicho a la presidenta encargada venezolana que negocien con Estados Unidos y le irá bien, pues, de acuerdo, con la CIA, al gigante americano no le conviene cambiar un gobernante por otro, como ha hecho en otros países, con los malos resultados conocidos. Ni Corina Machado ni Edmundo González pueden asegurar, a juicio de Trump y de la misma C.I.A. la estabilidad política, social y comercial de Venezuela que EE.UU., necesita para su negocio del petróleo.
Sorprende que la mayor parte de los países europeos hayan guardado silencio o manifestado tibiamente su oposición a la violación de soberanía de un país, el secuestro de su presidente, los asesinatos cometidos en Caracas, en las lanchas y barcos venezolanos, asesinando impunemente a sus tripulaciones, y el robo de la carga de los petroleros incautados.
Cuando se perpetraron estos ataques, la pregunta de algunos en la calle era que quién es Trump para convertirse en pirata o justiciero del mar. ¿Y qué reservas o miedo tienen los dirigentes europeos para hacerle frente políticamente?"
Mientras, Maduro y su esposa siguen en EE.UU., víctima de un secuestro, sin que se sepa si van a ser juzgado definitivamente, y si hay la posibilidad que él y su mujer puedan volver a su país. Parece que Trump ha quitado a Maduro de la escena política porque se opone a sus maniobras, y, bajo amenazas, está utilizando para sus planes a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, mujer, inteligente, preparada y pragmática. Ella sabe que el presidente norteamericano es imprevisible, de carácter sanguíneo y que cambia rápidamente de opinión, porque se mueve con cierta espontaneidad. La presidenta tiene claro que Venezuela, su gobierno y ella misma pueden correr la suerte de Maduro, que tampoco está seguro en su secuestro; o bien, ser barridos en revueltas callejeras provocadas por la C.I.A.
A la altura de este análisis, me pregunto que habría pasado si Maduro hubiese comunicado los resultados de las últimas elecciones en su país. De haber ganado, habría reforzado su legitimidad. De haber perdido, estaría hoy en la oposición vigilando los movimientos de la derecha en el poder, proclive a vender el petróleo a EE.UU-, sacando sus beneficios, y habría podido movilizar pacíficamente al pueblo venezolano para protestar por los posibles abusos de la gobernanza extrema y conservadora, proclive a propiciar el enriquecimiento de las élites políticas y económicas venezolanas y de los magnates norteamericanos con aspiraciones de apropiarse de la riqueza ajena.
De todas maneras, para quienes no reconocen la legitimidad de Maduro como presidente, la derecha, la extrema derecha y parte de la izquierda, hay una objeción que hacerles: el Gobierno de los EE.UU., ha secuestrado a dos ciudadanos venezolanos. La autoría es de una nación extranjera, cuya acción es ilegal, porque trasgrede gravemente la soberanía de un estado y los derechos e integridad de las personas secuestradas.
Este cúmulo de despropósitos refuerza el peligroso camino abierto por Israel en Palestina, Rusia en Ucrania, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos en Sudán en Yemen, etc., porque las leyes que permiten el débil equilibrio internacional han sido sucesivamente ignoradas y ese necesario equilibrio para la paz y entendimiento entre los Estados está roto.
Termino recordando las palabras del gran filósofo Enmanuel Kant en su obra "Sobre la paz perpetua"(1795):
"Ningún Estado debe inmiscuirse por la fuerza en la constitución y gobierno de otro".(Artículo 5)